Deberes para casa; RCI día 6… y último

Este es probablemente mi último artículo desde Noordwijkerhout. Durante más de una semana he tenido el enorme honor de participar en la asamblea global de Amnistía Internacional. Han sido unos días de mucho trabajo, con sus ratos libres, sus risas y sus bromas, pero mucho trabajo a fin de cuentas. Me considero un auténtico privilegiado por tomar parte en el foro donde se plantean, discuten y adoptan las líneas programáticas fundamentales del trabajo de esta organización. No obstante, es ahora cuando comienza el trabajo de verdad. Cuando volvamos a nuestras ciudades de origen, tendremos que echarnos encima un bidón de agua fría y sentarnos a reflexionar. ¿Qué supone esta RCI para el movimiento global de AI? ¿Qué lecciones hemos aprendido? ¿Cómo conectan los textos de las resoluciones adoptadas con el objetivo final de aumentar nuestro impacto en derechos humanos? Quizás una pregunta que no se plantea lo suficiente es: ¿Cómo trasladaremos estas decisiones, debates y reflexiones al activista de base, al que escribe sus apelaciones los jueves por la noche, a la que recoge firmas para poner fin a la represión en Siria en una tarde de invierno, a los que presionan a concejales y alcaldes para que adopten declaraciones contra la pena de muerte, a quien ofrece la voz de AI en una radio comunitaria, etc.? Amnistía Internacional tiene más de 3 millones de miembros en el mundo. No más de 500 de ellos se han reunido en Holanda esta semana. Tenemos un gran recorrido por delante para difundir las conclusiones y contagiar el entusiasmo. Difícil tarea. Pero entre otras cosas, para eso estamos aquí.

Formar parte de un movimiento no es un paseo por el arco iris. El activismo por los derechos humanos en un movimiento global con más de 3 millones de miembros tiene también sus días de lluvia, sus nubarrones y sus tormentas. Para salir ilesos de los procesos democráticos (con todas sus consecuencias), hay que comprender que no hay alternativa a la gobernanza democrática. Como decía un compañero de AI Irlanda hace unos días, la democracia no es buena, pero es necesaria. Una organización como Amnistía Internacional, que aspira a movilizar a personas de todo el mundo por la libertad, la igualdad, la participación activa… necesariamente ha de predicar con el ejemplo. Los entendidos dirían que es una cuestión de política prefigurativa. Gandhi lo ponía más llano: Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Humilde reconocimiento a los cerca de 40 voluntarios y voluntarias en la RCI 2011. Han hecho un fantástico trabajo

Koldo Casla

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