487 + 465 + 2 + 1

Esta es la ecuación. Por este orden: Rubalcaba, Chacón, blanco (con minúscula) y nulo. Dada la natural alternancia en el poder, badenes políticos al margen, Rubalcaba dio ayer un paso firme para convertirse en el presidente de España de aquí a 4 u 8 años. Así lo quisieron cerca de 500 compromisarios en Sevilla en voto libre y secreto… muy secreto. La otra mitad ahora apuesta por la unidad, cerrando filas detrás de un ‘líder fuerte’ que materializará el ‘rearme ideológico’ del PSOE, según augura hoy el editorial de El País.

El 38º Congreso del PSOE ha durado un fin de semana. Coincide en el tiempo con las primarias del Partido Republicano en Estados Unidos. Una diferencia fundamental: las primarias (el llamado ‘caucus’) en aquel país duran más de un año. Teniendo en cuenta que la Cámara de Representantes se renueva cada 2 años, el Presidente es elegido cada 4 y los senadores se someten a la voluntad popular (por tercios) cada 6 (por no hablar de Gobernadores, Congresos estatales, Ayuntamientos, referéndums, etc.) puede decirse que en Estados Unidos viven en una especie de ‘día de la marmota electoral’.

Y qué más dará, pensarán muchos, si luego no votan (la abstención en EEUU suele superar el 60%), y además todo se resume a Republicanos versus Demócratas, Demócratas versus Republicanos. Cierto: Los miembros del Congreso estadounidense pertenecen a un partido o al otro. Suele haber algún independiente, pero incluso los independientes tienden a agruparse con alguno de los grupos de la Cámara. En Europa parece haber más diversidad (aunque, si la extrema derecha no se interpone, siempre hay dos partidos protagonistas). Por ejemplo, en el Congreso de los Diputados actualmente hay hasta 13 candidaturas representadas (algunas de las cuales, como IU-Chunta o Amaiur son en sí mismas coaliciones de varios partidos). EEUU: 2 ideologías; España: 13. España gana en diversidad.

¿Sí? Bueno, la comparación no es tan sencilla. No tienen nada que ver un republicano de Seattle con uno de Louisiana, al igual que un demócrata de Vermont no se parece a uno de Arizona. En el ring de de las primarias republicanas actualmente hay cuatro contendientes: Romney, ex gobernador de Massachusetts, que despierta muchas desconfianzas entre sus correligionarios por su condición de mormón y haber impulsado en su Estado una reforma sanitaria parecida a la de Obama; Gingrich, que actualmente concentra las esperanzas de los más conservadores; Ron Paul, de Texas, el único ideológicamente convencido del libertarianismo de Nozick (¡ya lo estaba hace 40 años!); y el ultraconservador Santorum. Además de estos cuatro, seis republicanos más, desde Tea Partiers como Bachmann hasta moderados como Huntsman, lo intentaron pero se han retirado ya de la disputa. La discusión lleva abierta desde hace meses, con debates televisivos frecuentes (algunas semanas ha habido más de dos) en todo el país. Los candidatos y sus equipos buscan desesperadamente aliados y el apoyo (y el dinero) de los grupos de interés, algo que ahora pueden hacer sin límite, gracias a la sentencia del Tribunal Supremo de enero de 2010 en el caso Citizens United v. FEC. Muchas de estas prácticas se hacen en la trastienda y con poca o nula trasparencia, hasta el punto de que Elizabeth Drew se pregunta en un reciente artículo en The New York Review of Books si la elección presidencial del próximo noviembre será realmente democrática.

La democracia estadounidense está lejos de la perfección, signifique esto lo que signifique. Dicho lo cual, mientras los republicanos estadounidenses compiten en una carrera de fondo, cruzando todos los puntos cardinales del país, tratando de recabar la confianza de los simpatizantes en asambleas locales, Rubalcaba sólo podrá decir que logró la confianza del 51 por ciento de los novecientos y pico militantes reunidos en Sevilla en una fría tarde de febrero. Ni siquiera podrá darles las gracias porque el voto es técnicamente secreto. A buen seguro él sabe muy bien quién votó por él y quién no lo hizo. El problema no es que él no lo sepa. El problema es que nosotros, los llamados a ser gobernados por él de aquí a unos años, nunca lo sabremos.

Esta no es una crítica al PSOE. O por lo menos no es una crítica sólo al PSOE. Lamentablemente, esta es la forma habitual de elección de los líderes políticos en la mayoría de los partidos en la mayoría de los países. Quizás podamos exceptuar las ‘primarias ciudadanas’ del Partido Socialista Francés de las que François Hollande salió victorioso. Sea como fuere, no deja de ser desalentador que el partido más veterano del panorama político español (fundado en 1879) siga eligiendo a su secretario general de forma tan poco ilusionante.

Koldo Casla

@koldo_casla

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