Reflexiones sobre las filtraciones

Wikileaks ha vuelto a hacer que tiemblen los mullidos sillones de la diplomacia. El llamado ‘Cablegate’ ha puesto al descubierto cerca de 250.000 comunicaciones clasificadas entre Washington y embajadas estadounidenses en todo el mundo. Todavía es demasiado pronto para valorar las implicaciones de esta colección de filtraciones sin precedentes. No obstante, la administración Obama no ha perdido tiempo: “Esta revelación no es sólo un ataque a los intereses en la política exterior de Estados Unidos. Se trata de un ataque a la comunidad internacional”, dijo Hillary Clinton el mismo día en que las revelaciones comenzaron a ser difundidas por The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País:

Puede que Hillary Clinton tenga razón en su observación. Todavía es pronto para percibir los auténticos cambios, para bien o para mal, provocados por la mayor filtración de la historia. Lo cierto es que Wikileaks ya ha ayudado a clarificar una serie de cuestiones de enorme importancia. Por ejemplo, ha confirmado los temores de los líderes estadounidenses por su depedencia con respecto a China. También sabemos que Estados Unidos presionó a las autoridades españolas para evitar que algunos oficiales fueran juzgados en España en los casos ‘Couso’ (ejecución extrajudicial en Iraq) y ‘Guantánamo’; hemos descubierto, por cierto, que varios políticos y fiscales españoles se mostraron bien dispuestos a ayudar a los EEUU en esta estrategia. El Departamento de Estado de la Sra. Clinton también ordenó a sus diplomáticos que espiaran al Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, y a otros altos funcionarios de las Naciones Unidas. Rusia se presenta como el ‘Estado de la mafia‘, y Mohamed VI, uno de los más fieles amigos tanto de los americanos como de los europeos, se coloca en lo más alto de la cadena de corrupción estructural en Marruecos. He de admitir que la honestidad de los delegados estadounidenses en el extranjero me llama poderosamente la atención. En general, tal como apunta Neal Ascherson en un reciente artículo en The Observer: “Su impresión del país de destino no es prometedor. Uno queda prendado de su perspectiva, una perspectiva en la que ‘América’ es el único adulto en un mundo de adolescentes codiciosos, corruptos y poco fiables que no pueden ser abadonados debido a su propia debilidad”.

Los medios ya han destacado estas y otras noticias. Quisiera sin embargo compartir tan sólo dos impresiones, la primera de ellas relacionada con la fuente de las noticias, y la segunda relacionada con quien ha de ejercer funciones de control.

1. Digan lo que digan, la palabra ‘Presidente’ en ‘Presidente Obama’ hace referencia a ‘Presidente de los Estados Unidos de América’.

Wikileaks ha abierto la caja de los secretos de la diplomacia norteamericana y con ello ha expandido la suciedad en ella contenida, al menos una buena parte de ella. En este contexto, creo que los ciudadanos del país más poderoso del mundo se enfrentan a un dilema que ofrece a priori dos opciones. Por un lado, pueden cerrar filas detrás de su Ministra de Asuntos Exteriores, Hillary Clinton, en su intento de matar al mensajero con el maniqueo argumento de que la revelación de sus propios secretos atenta a toda la comunidad internacional. Por otro lado, sin embargo, el público norteamericano podría aprovechar la oportunidad para reflexionar críticamente sobre la política exterior de su Gobierno. Wikileaks ha dado pruebas irrefutables de que la administración de Barack Obama analiza su posición en el mundo en una clave realista en la terminología de las Relaciones Internacionales. Puede que Obama sea progresista en lo más profundo de su ser, pero por el momento, por encima de cualquier otra cosa, él es el Presidente de los Estados Unidos de América, y esto significa que hace lo que otros Presidentes (como Nixon, Reagan o Bush hijo) hicieron antes que él. Haríamos mejor en bajarnos del guindo cuanto antes.

Por cierto, no estoy ahora mismo en los Estados Unidos, pero dudo seriamente que los estadounidenses hayan optado por la segunda opción. De todos modos, siempre nos quedará Noam Chomsky, para quien Wikileaks ha puesto al descubierto “el profundo odio hacia la democracia entre los líderes políticos (en Estados Unidos)”.

2. Si tenemos un derecho a saber, alguien deberá contarnos lo que ocurre, y alguien deberá asegurarse de que tanto lo uno como lo otro es posible.

Algunos grupos de derechos humanos (entre otros, Amnistía Internacional) han criticado a Wikileaks alegando que no tomó las medidas necesarias para proteger a la población civil y a los defensores y defensoras de derechos humanos, quienes pueden ser víctimas de represalias. Esta es una cuestión de primera importancia que no debe menospreciarse. Tanto Wikileaks como los medios y los proveedores de información han de tomarlo muy en serio en futuras revelaciones de documentos.

Ello no obstante, creo que los mismos grupos de derechos humanos han de reflexionar con atención sobre los retos, oportunidades y riesgos derivados de iniciativas como Wikileaks. Wikileaks está sufriendo los efectos de un establishment diplomático enojado, pero es bastante probable que Wikileaks (o alguna otra entidad) saque a la luz más documentos clasificados pasado mañana, si no mañana mismo. Podría decirse que se trata de una de las consecuencias inesperadas de la globalización.

En septiembre de 2006, la Corte Interamericana de Derechos Humanos señaló que “el actuar del Estado debe encontrarse regido por los principios de publicidad y transparencia en la gestión pública, lo que hace posible que las personas que se encuentran bajo su jurisdicción ejerzan el control democrático de las gestiones estatales, de forma tal que puedan cuestionar, indagar y considerar si se está dando un adecuado cumplimiento de las funciones públicas. El acceso a la información bajo el control del Estado, que sea de interés público, puede permitir la participación en la gestión pública, a través del control social que se puede ejercer con dicho acceso”. Por lo tanto, dice la Corte, “el control democrático, por parte de la sociedad a través de la opinión pública, fomenta la transparencia de las actividades estatales y promueve la responsabilidad de los funcionarios sobre su gestión pública” (Claude Reyes y otros c. Chile, Sentencia del 19 de septiembre de 2006, para. 86 y 87).

Los principios establecidos por la Corte Interamericana y confirmados por otros órganos internacionales han de inspirar el análisis de la comunidad de derechos humanos en el caso ‘Cablegate’. La organización líder en defensa del derecho a la libertad de expresión Article XIX ha marcado un buen punto de partida en defensa del derecho a la información y la consecuente obligación del Estado de garantizar que los ciudadanos tengan acceso a información relevante en temas internacionales (Ver también). Asimismo, en base a la información extraída de los cables diplomáticos, el recientemente nombrado Relator Especial de la ONU sobre la Tortura, Juan Méndez, ha reclamado al Gobierno estadounidense que investigue y lleve ante la justicia todos los casos de tortura durante la administración Bush.

Es de sobra conocido que los derechos y las libertades no son capaces de defenderse a sí mismos. Si no respetamos el derecho de acceso a la información, los derechos y las libertades tampoco podrán ser defendidos por nadie más.

Koldo Casla

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6 Responses to Reflexiones sobre las filtraciones

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  5. idoiallano says:

    Hola de nuevo:-) estupenda la sentencia Claudio Reyes que se ha esgrimido para casos cruciales de necesidad de investigación y control sobre el estado y sus actuaciones presentes e históricas en las que ha sido necesario recuperar la memoria , no?

  6. Muy revelador análisis de Amnistía Internacional sobre las filtraciones de Wikileaks y la libertad de expresión (9 de diciembre de 2010):
    http://www.amnesty.org/en/news-and-updates/wikileaks-and-freedom-expression-2010-12-09

    K.C.

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