60 peniques

Era tarde, pero no muy tarde. Esperaba yo a alguien frente a la estación de Waterloo. Llegué antes de tiempo al encuentro, un cuarto de hora más o menos; margen suficiente para terminar un capítulo de un libro y mirar a la gente pasar.

En esas estaba yo cuando alguien se me acercó. Un chico joven en chándal blanco, gris más bien, aunque quería ser blanco, avanzó unos metros hacia mí. Tendría unos 30, quizás menos, a lo mejor más. Creo recordar que llevaba un gorro de esos de invierno del mismo color, gris, o blanco que parece gris. A dos pasos de distancia, el rostro de tez morena y gafitas de empollón muy gentilmente me dice (en inglés): “Disculpe que le moleste, señor, me preguntaba si podría prestarme una libra”.

El tipo me sorprendió. En un principio, no parecía que el joven me fuera a hacer tal ruego. No era una situación ‘típica’ en la que un hombre (o mujer) ‘típico’ (o ‘típica’), habitualmente desde el suelo, te pide unas monedas para seguir sobreviviendo. No, este no era uno de esos casos. Por eso me llevé la mano al bolsillo, cogí mi cartera y la abrí por la sección de monedas. (No existen los billetes de 1 libra). En ese momento, mis defensas de ciudadano de bien se activaron. ¿Qué haces, Koldo? Ni siquiera conoces a este tipo ni sabes para lo que quiere tu dinero… Será para vino barato. Seguro. Pero ya tenía la cartera en una mano, tapando con la otra el departamento de monedas para asegurarme de que el intruso no pudiera meterse más en mi vida, o en mi dinero, que tanto monta, monta tanto. Estando en el punto en el que estaba, ya no podía decir: ‘Ya me perdonarás, amigo, pero es que no tengo nada’. O a lo mejor sí que podría haberlo dicho, pero no tuve huevos. Qué le vamos a hacer. Tuve un segundo; nada más. Uno no tiene tiempo para disertaciones racionales. Lo dicho: tenía que ser rápido. Toque una moneda de una libra y vi otra. Esquivé ambas y agarré una moneda de 50 peniques y otra de 10. ‘I´m really sorry, man, but I have no more’. El tipo me mira y me regala una sonrisa agradecida. Gira a la derecha (mi izquierda) y se marcha a paso ligero.

Ahí es cuando el mundo me dio para reflexionar: ¿Cómo es que me dio tiempo para coger dos monedas (0.6 libras, en total) y no lo tuve para coger una de más valor (1 libra)? Si le hubiera dicho que no tengo nada, no habría sido honesto. Si le doy un 60% de lo que me pidió, ¿soy un 60% honesto? Un minuto más tarde, me dije: Koldo, deberías haberle pedido para qué quería el dinero. En base a su respuesta, podrías haber optado entre el amplio abanico existente entre nada de nada y toda una libra. Cuando ya estaba a punto de convencerme a mí mismo de que esto era lo correcto y de que así lo habría de hacer en una futura ocasión, pensé: Koldo, ¿qué coño te importa a ti lo que alguien haga con el dinero? ¿Acaso te vas a sentir mejor? ¿Y si te miente, pero te gusta la mentira? ¿Y si te dice la verdad, pero te disgusta la verdad? Alguien diría que el tipo ha echado un órdago a su dignidad, y que merece un respeto. Yo por lo menos reconozco que el hombre ha debido de hacer tripas corazón. ¿Se lo he de recompensar yo con un ‘What do you want to do with my precious 60p?’?

En mitad de mi reflexión, llegó mi compañía y cambié de tercio. Pronto acabaré el libro y siempre seguiré mirando a la gente pasar. Teniendo en cuenta que hablamos de Londres, del chico del chándal blanco grisáceo y de mis 60 peniques nunca más sabré.

Koldo Casla

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2 Responses to 60 peniques

  1. Monica says:

    ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en una situación similar? ¿Cuántas veces nos hemos puesto excusas para no darles ese “euro/libra” que nos pedían? Será para vino, siempre decimos, porque parece que nos hace sentir mejor, pero es verdad que sólo el hecho de atreverse a pedir, de olvidarse de los complejos, del “qué pensarán”, ya se merece algo: y no sólo nuestra sarta de excusas, que nos dejan mejor.

  2. El ejercicio de contextualización de los derechos humanos requiere la reflexión sobre las prácticas cotidianas del día a día.
    Así se explica la publicación de ’60 peniques’ en ‘Derechos en Contexto’.

    Koldo Casla

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