¿Se contagiará Marruecos?

Algunas voces especulan sobre la posibilidad de que los países árabes queden afectados por el extraordinario efecto de movilización originado en Túnez y Egipto estos últimos días. Los medios se han echo eco de algunos acontecimientos en Arabia Saudí, Yemen, Argelia o Jordania, acontecimientos que podrían dar la impresión de que las revueltas están ya traspasando fronteras y de que los gobiernos están temerosos del contagio.

Pongamos el caso de Marruecos. Nada más estallar las revueltas en Túnez, Mohamed VI decidió que era el momento de tomarse unos días de vacaciones en un castillo en Francia. La versión oficial es que el monarca quería descansar, si bien algunas malas lenguas insinúan que el rey realmente deseaba conocer de primera mano las reacciones en el Elíseo. Esto sucedía el pasado viernes. El fin de semana, algunas voces salían a la calle para denunciar la carestía de la vida en Marruecos y para mostrar su solidaridad con egipcios y tunecinos. Al mismo tiempo, el primo hermano de Mohamed VI, el príncipe Mulay Hicham, concedía una entrevista a El País y aseguraba que las revueltas estaban a punto de llegar: “Marruecos no será la excepción”. En este contexto, ayer mismo, lunes 1 de febrero, 40 profesores intentaron quemarse a lo bonzo frente al Ministerio de Educación en Rabat en protesta por sus condiciones laborales. Y mientras tanto, Aminetu Haidar afirma que Túnez y Egipto van a motivar a los saharauis en su lucha por la autodeterminación.

¿Por qué no estalla Marruecos? Quizás porque Marruecos ya estalló hace tiempo, si bien ocurrió de manera relativamente silenciosa. El Egipto de Mubarak está haciendo lo imposible para dificultar la cobertura mediática de lo que ocurre en el país, con agresiones a un corresponsal de la BBC, y la detención de un redactor de Al-Jazeera y de cuatro periodistas franceses, por ejemplo. En el caso de Marruecos, los medios, los corresponsales y las organizaciones de derechos humanos están ya familiarizados con la falta de libertad de prensa. Denuncia Human Rights Watch en su informe de 2011 que los medios de comunicación “enfrentan hostigamiento y persecución cuando cruzan ciertas líneas”, como la quasi-deidad del monarca, el Islam o la unidad territorial (es decir, la cuestión del Sahara Occidental).

Para Marruecos, las revoluciones populares vividas estos días en el Magreb no son algo nuevo. El Sahara ha experimentado repetidas reacciones populares en los últimos años. Si echamos la vista atrás, nos toparemos con la llamada Intifada Saharaui de 2005. Más recientemente, el pasado noviembre, miles de saharauis acamparon a las afueras de El Aaiún. La respuesta de las autoridades marroquíes consistió en “palizas y maltrato por parte de las fuerzas de seguridad”, así como restricciones a la labor de los medios de comunicación y de los observadores internacionales, ataques a  viviendas y abusos en las zonas de detención (HRW). Las revueltas saharauis responden no sólo al impasse del proceso político de descolonización y desocupación militar, sino fundamentalmente a las pobres condiciones sociales y económicas en las que vive la población saharaui, especialmente en comparación con las decenas de miles de colonos marroquíes.

Tiendas de acampar se queman después de que las fuerzas de seguridad marroquíes desmantelaron el campamento en las afueras de El Aaiún, la capital del Sahara Occidental, el 8 de noviembre de 2010. © 2010 Reuters

Marruecos lleva más 35 años en conflicto, los 20 últimos en alto el fuego. Durante este tiempo, el Gobierno alauí ha conseguido convencer a buena parte de la comunidad internacional de la necesidad de dejar el derecho internacional para otros y de aceptar el status quo del que él es el único responsable. Desde los años 1980, Marruecos mantiene con más de 100.000 efectivos un muro de la vergüenza (conocido comúnmente como ‘berma’) que divide todo el Sahara de norte a sur. Marruecos también se beneficia del expolio de los recursos naturales del Sahara (fosfatos y pesca, principalmente), ante la sonrisa complaciente de los europeos.

Hay algo que distingue a Marruecos de Túnez y Egipto: la reacción de los poderosos del planeta. El momento en que Mubarak deje el poder coincidirá probablemente con la intensidad de la presión ejercida por europeos y norteamericanos. Cuando estos denieguen el antídoto a Mohamed VI, el contagio será inevitable.

Koldo Casla

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2 Responses to ¿Se contagiará Marruecos?

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