Indignación y derechos humanos

Durante días he dudado. Quizás ha sido precisamente el periodo electoral el que me ha hecho dudar. Creo que mi jornada de reflexión es más larga que un largo sábado. He dudado sobre la dimensión real o ficticia de la #democraciarealya, sobre si se trata de un movimiento que ha llegado para quedarse, para transformar y transformarse, sobre si su impacto será más perecedero que el azul añil que tiñe España desde el pasado día 22…

Razones para el cabreo había y hay (y habrá, me temo) de sobra. Mientras los poderes públicos someten a una impía dieta al ya de por sí pírrico estado del bienestar español, en 2010 las principales empresas del país obtuvieron unos beneficios alrededor de un 20% superiores a los del año anterior. Una de ellas, Telefónica, se embolsó 10.000 millones con los que hará el gran esfuerzo de despedir al 25% de la plantilla (8.500 empleados) a lo largo de los próximos cinco años. Ante esta realidad, un grupo de jóvenes se concentró en Sol un día 15 cualquiera y al rato entusiasmó a la porción del país que está deseosa de seguir la estela islandesa. Pero, ¿cuál es el destino de este movimiento?

En mi duda y reflexión, decidí pasar de incógnito (nadie supo de mis dudas) por una de las plazas ‘ocupadas’, para escuchar, respirar y sentir el ambiente. Al rato descubrí que el auténtico potencial del movimiento no radica tanto en sus reivindicaciones específicas, sino en la forma en la que estas son planteadas, discutidas, contestadas y respaldadas. Mi primera tentación había sido leer críticamente los manifiestos, pero tras visitar la plaza comprendí que realmente los textos son secundarios: En plena campaña electoral, el movimiento 15-M (llámesele #spanishrevolution, #tomalaplaza, etc.) ha impartido una lección humilde de democracia, proponiendo y utilizando fórmulas abiertas de participación política activa, abriendo nuevos canales mucho más allá de los muros gruesos de parlamentos, diputaciones y casas consistoriales. Este movimiento nos recuerda que en democracia la forma es al menos tan importante como el fondo.

El pasado domingo leí con placer una entrevista a Stéphane Hessel (en la foto) en El País Semanal. Su breve libro ¡Indignaos! es considerado por muchos como el manifiesto inspirador de este nuevo movimiento. En la entrevista Hessel pone el acento en el valor del compromiso como paso inmediato a la indignación. Apunta también que su libro bebe directamente de dos textos fundamentales: el programa de la Resistencia Francesa a la ocupación Nazi, por un lado, y la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, por otro. De hecho, nos recuerda Hessel que la palabra ‘indignación’ contiene en sí misma otro término al menos tan poderoso: ‘dignidad’. La indignación no es sino la reacción consciente y activa al pisoteo de la dignidad, a la vulneración del primer artículo de la Declaración Universal: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

No sé lo que será de este movimiento en el futuro. Eso no lo sabe nadie. Pero me reconforta que se confirme que los derechos humanos son mucho más que el escudo del individuo frente al resto de la sociedad. El auténtico poder de los derechos humanos radica en que son una llamada a la acción colectiva en defensa de lo propio y de lo ajeno… en la plaza, en la red, en casa, en la escuela, en la universidad, en la oficina… Indignados/as y comprometidos/as.

Koldo Casla

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4 Responses to Indignación y derechos humanos

  1. Pingback: 2 años del #15M: 2 cosas que me han gustado y 2 cosas que no me han gustado tanto | RIGHTS in context DERECHOS en contexto

  2. idoiallano says:

    Hola:-) Alguien dijo alguna vez que la democracia era una cuestión de formas no?🙂 El asunto en pura dialéctica se convierte en fondo sin darnos cuenta, Koldo. Las formas de recuperar la dignidad, como bien apuntas, no se recorren sin transformaciones que con mayor o menor acierto, cuestionan el contenido de los textos significativos de la democracia.
    Pero, la dignidad no es objeto de fenomenología, y por tanto, no es objeto de mera apariencia y de percepción y hermeneútica.
    Sí así fuese realmente el 15-m con las escenificaciones (smartmob) de su malestar hubiera sido un en éxito.
    Pero, como forma y contenido están unidos de modo inextricable, para que la dignidad y los derechos , no sólo se reconozcan (forma) si no que sean tales (contenido) en toda su extensión, han de capacitar a cada una de las personas como personas constantemente.
    O sea, que a mí las reivindicaciones del 15-m como que sí me parecen importantes, muy importantes:-)
    Nos vemos

    • Muchas gracias, Idoia, por tu aportación.

      Muchas de las aportaciones del Movimiento 15-M son muy sugerentes y hacen referencia a puntos esenciales en una democracia, como es la transparencia del ejercicio del poder público. Creo, sin embargo, que todavía hay un cierto desequilibrio entre el ‘cabreo visceral’ y el planteamiento político estratégico. Lo primero ha llevado a mucha gente a las calles. Lo segundo requiere de una cierta planificación, ciertas estructuras no-asamblearias, cierta organización a distintos niveles (horizontal y verticalmente), cierta respuesta táctica a las oportunidades políticas coyunturales… Creo que el ‘cabreo’ es más eficaz sacando a la gente a las calles que manteniéndola en las calles. La paradoja es que para que el movimiento siga vivo, el movimiento mismo tiene que cambiar.

      Pero ya veremos lo que ocurre a lo largo de los próximos meses…

      Besos.

  3. Jontxu says:

    Muy interesante Koldotxu. Leí el manifiesto y entiendo qu hay que entenderlo como lo que es, un manifiesto, no un ensayo, ni ninguna receta para resolver problemas ni para quitarnos ninguna venda de los ojos.

    Entiendo que el manifiesto de Hessel sirve como impulso, para ver plasmados las sensaciones de la juventud actual, apática, desmotivada, pasiva frente a un sistema donde hay quien se lo guisa y se lo come, mientras el ciudadano débil carga con las responsabilidades y con los esfuerzos.

    Quién mejor que Hessel para indicarnos el camino. Nadie sabe mejor el esfuerzo que supone luchar por las libertades, luchar por el sistema de prestaciones sociales y el Estado del bienestar. Su manifiesto pone encima de la mesa cuestiones como:

    – ¿Por qué ahora se pretenden reducir las prestaciones sociales, por una “crisis financiera”, cuando la riqueza, el desarrollo económico, es mucho mayor que cuando se estableció el Sistema de Seguridad Social?

    Hessel explica y aclara: hoy en día es mucho más difícil saber a qué nos enfrentamos. Nos decoran un sistema democrático donde la participación del ciudadano se reduce prácticamente a la mínima expresión (papeleta cada 4 años), mientras los verdaderos poderes, los fácticos, los lobbies, ejercen su presión sobre la representantes políticos.

    La democracia actual tiene dos barreras:

    1. El de la democracia representativa, en esta partitocracia, donde el ciudadano apartidista tiene muy pocas herramientas para involucrarse y en el cual la distancia entre los políticos y los ciudadanos aumenta progresiva e inexorablemente.

    2. El de los mencionados poderes fácticos. Una llamadita de teléfono, una reunión, una comida, puede arreglar un texto legal, provocar la aprobación de un Decreto o estimular una determinada actuación pública (resoluciones, impugnaciones…).

    El reto del ciudadano de a pie del siglo XXI será hacerse notar frente a estos nuevos obstáculos, que siempre vienen del interés personal de quien quiere mandar. Del color del dinero.

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