Soldados

La foto fue tomada por los Hermanos Mayo, quienes narraron con sus cámaras la cotidianidad de la vida de los soldados republicanos en la nada cotidiana Guerra Civil española (1936-1939). Está visiblemente escaneada, con permiso de la ministra, de un reportaje en El País Semanal del pasado domingo. La imagen me llamó poderosísimamente la atención desde el primer momento. Alcanzo a distinguir nueve soldados inmortalizados (palabra nunca más inapropiada, dado el contexto bélico). Creo que había uno más a la izquierda, pero se nos perdió con el escaneo (más paradojas). Todos son soldados de la 43ª brigada. Si me lo permiten, me quedo con cuatro, los tres del primer plano y el del casco ladeado en segundo plano. Me pregunto qué sería de sus vidas, cuáles serían sus nombres, sus sueños, sus miedos…

Destaca el del medio, al que bautizaremos como Luis, con ese guiño travieso al fotógrafo, como si supiera que alguien hoy, más de 70 años más tarde, estaría hablando de él en un cuaderno de bitácora. El modo en que sujeta el arma se me antoja poco ortodoxo. No sé si es así, pero a mí me lo parece. Ahí está, en primera fila, como dando ejemplo, sin miedo, desprendido, quizás deseoso o necesitado de tirar el fusil y dedicarse a otros menesteres más joviales y probablemente menos arriesgados. Luego tenemos al de la izquierda, Pedro, muy concentrado, quizás con algo más miedo que Luis, con la mente en otra parte, a lo mejor pensando en la chica que dejó en el pueblo y a la que prometió volver para casarse. No sé si volvió. Tampoco lo sabía ella entonces. Tenemos entre ambos a Antonio, de quien ya hemos mencionado su yelmo torcido. Este es el único de los cuatro que apunta sus ojos a la cámara (recordemos que Luis no mira a la cámara, sino a ti y a mí). Muestra hastío y cansancio. Parece difícil imaginar que compartiera brigada con Luis, mucho mejor adaptado a las circunstancias. Antonio parece rogar que alguien se apiade de él y le diga: ‘descansa compañero; acabó la guerra’. Lamentablemente, dicha afirmación vendría acompañada de un ‘lamento ser yo quien te diga que perdisteis; ahora empieza la posguerra’. Por último, a la derecha tenemos a Miguel, alejado de todo y de todos, como si estuviera en ninguna parte… Su mirada perdida da la impresión de que no es plenamente consciente de lo que tiene delante. O a lo mejor es demasiado consciente y por eso reacciona así. A lo mejor todos lo saben perfectamente, y cada uno lo lleva como buenamente puede.

Como afirma en el reportaje Julio Souza, el último representante de los Hermanos Mayo, “la historia la escriben los vencedores, no los vencidos, y se puede tergiversar sin darle muchos retoques a la realidad. A una fotografía, por muchos pies que se le pongan, es muy difícil darle la vuelta”. Mirando a Luis, Pedro, Antonio, Miguel y al resto de compañeros, no puedo evitar preguntarme: ¿Cuál de ellos habría sido yo?

Koldo Casla

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