Narrar lo ocurrido: una aportación de los derechos humanos para la Euskadi de hoy

Los dos últimos números de la revista Bake Hitzak de Gesto por la Paz llevan por título ‘¿Qué nos contaremos a nosotros mismos?’ (nº 80) y ‘Las otras víctimas’ (nº 81). El pasado 31 de marzo el Parlamento Vasco adoptó en plenario la Proposición no de Ley 61/2011, ‘sobre víctimas de violaciones de derechos humanos y otros sufrimientos injustos producidos en un contexto de violencia de motivación política’, y siguiendo este mandato en junio se creó una ponencia para analizar la situación de ‘las otras víctimas de motivación política’. Algo está cambiando en Euskadi y no es casual que estos cambios estén sucediendo precisamente ahora.

Euskadi está viviendo un momento histórico. No es la primera vez que compartimos la esperanza de que ETA desaparezca para siempre, pero sí es la primera vez que no sólo los más optimistas ven la luz al final del túnel. Ahora que parecen abrirse las puertas a una nueva era para Euskadi, es fundamental que empecemos cuanto antes a narrar lo ocurrido reivindicando el derecho a la verdad. Es fundamental que la sociedad en su conjunto reconozca y resarza debidamente a las llamadas ‘otras víctimas’, entendidas, como hace Gesto, como aquellas ‘víctimas de actuaciones desproporcionadas o indebidas y que hayan supuesto una extralimitación no accidental en las atribuciones legales de las fuerzas de seguridad en su lucha contra el terrorismo‘. Son también muy positivos los programas de mediación penal para presos de ETA (en concreto, en la prisión de Nanclares) con el objetivo de que pidan perdón personalmente a las víctimas, siempre que estas lo acepten.

Estoy convencido de que un enfoque de derechos humanos nos será especialmente útil. El poder de los derechos humanos consiste en reconocer el dolor y el sufimiento de la víctima como sujeto de derechos, sin necesidad de hurgar en sus filiaciones ideológicas, sus lazos familiares o sus antecedentes penales. Una postura realmente consecuente con la lógica de los derechos humanos nos obliga a dejar de hablar de ‘estas’ y ‘esas otras’ víctimas, sino puramente de víctimas de abusos a los derechos humanos, sin comparaciones ni equidistancias. Si el compromiso y la solidaridad con las víctimas de ETA en los últimos años es realmente honesto, dicho compromiso ha de responder a su condición de víctimas, y no al hecho de que los victimarios pertenecieran a ETA. Si queremos construir un futuro en que las diferencias políticas enriquezcan el debate y no causen más dolor, tenemos que partir de que tan inaceptable es la afirmación ‘ETA es una respuesta al Franquismo y a la pseudo-democracia que vino después’ como ‘las torturas y los malos tratos fueron un mal necesario para acabar con el terrorismo de ETA’.

La solidaridad con todas las víctimas es un imperativo categórico para la construcción de una sociedad vasca cohesionada y con la mirada hacia delante. La violencia y las amenazas están cerca de formar parte de nuestro pasado inmediato. Los derechos humanos tienen una gran aportación que hacernos: narrar lo ocurrido sin miedo, de manera constructiva y con el objetivo último de la reconciliación.

Koldo Casla

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