La doctrina del shock a la española

 

En el año 2007, cuando el común de los mortales todavía éramos capaces de vivir sin saber cuál era nuestra prima de riesgo, Naomi Klein publicó The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre). La autora sostiene en este libro que las políticas económicas neoliberales, cuyos orígenes intelectuales se encuentran en los trabajos de economistas como Milton Friedman y que fueron impulsadas por Thatcher, Reagan y otros en los años 1980, alcanzaron su éxito a través de desastres que hicieron que unas reformas inicialmente impopulares fueran finalmente asumidas por la población como un mal necesario. En su libro, Klein habla del golpe de estado de Pinochet en 1973, de la Guerra de las Malvinas en 1982, de la llamada ‘Guerra contra el terror’ desde el año 2001, del tsunami en el sudeste asiático en 2004 o del Huracán Katrina que asoló Nueva Orleáns en 2005 como catástrofes que dieron lugar a la aplicación de la doctrina del shock.

Los desastres pueden ser naturales (como un tsunami o un huracán), contrarios a nuestra voluntad (como un ataque terrorista) o cuidadosa y estratégicamente planificados (como un golpe de estado). La cuestión no es si el shock es el resultado de un acontecimiento fortuito o intencionado. Lo importante es que el shock es aprovechado por determinados grupos de interés que encuentran en él una ventana de oportunidad para materializar sus objetivos. En el 2009, en plena depresión económica, se presentó el documental que adapta el libro a la pantalla. Es muy recomendable:

La doctrina del shock nos proporciona una perspectiva interesante para analizar las políticas públicas actualmente propuestas y promovidas para, como dicen, ‘salir  de la crisis’. (Casi me da más miedo pensar dónde entraremos cuando salgamos). El Gobierno de Merkel, el Banco Central Europeo y otras instituciones de la Unión Europea comparten el convencimiento de que la crisis sólo puede ser superada a través de una vía: la austeridad. Como sabemos bien, en España se ha ordenado el acato y cumplo. Pero a la receta, en la traducción al castellano, se le han añadido algunos ingredientes. Ya no basta con recortar gasto público a marchas forzadas (o de ‘ajustar con amor’, como dice con fina ironía Amanda Mars en El País). El Gobierno español insiste en que para salir de la crisis es necesario no solo cuestionar el Estado de bienestar sino también el Estado autonómico.

Lo ha dicho alto y claro el ministro de Hacienda esta mañana en el Congreso: “No saldremos de la crisis si no reordenamos competencias“. Poco antes Rajoy se había mostrado coincidente con la diputada de UPyD Rosa Díez, que le ha exigido que acometa nada menos que una “refundación” del Estado. Ya lo avisó Luis de Guindos en el mes de enero, cuando anunció (esta vez fue en el Financial Times, no en el Congreso) que el Gobierno central tendría que dar luz verde a los presupuestos de las Comunidades Autónomas antes de ser aprobados.

La crisis es esa ocasión que algunos llevaban tiempo ansiando (y cosechando) para hacer sus deseos realidad y presentar su agenda política como algo inevitable. Ya no importa si lo que propone el gobierno es bueno o es malo. El dilema o la duda no tiene sentido en tiempos de crisis. Thatcher tenía su propio acrónimo: TINA, There Is No Alternative; no hay alternativa. Si no fuera tan humillante y doloroso, podríamos encontrar un símil en el padre que te castiga y todavía tiene la guasa de decir que el castigo le duele más a él que a ti.

Koldo Casla

@koldo_casla

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2 Responses to La doctrina del shock a la española

  1. Pingback: Sobre la recentralización del Estado o sobre cómo el Gobierno actúa como el perro del hortelano | RIGHTS in context DERECHOS en contexto

  2. D.rz.Garibay says:

    Es sabido que uno de los objetivos de los neo-liberales es vaciar de contenido el Estado. El cual conciben como obstáculo a la libertad individual. Pero dejemos de un lado el programa neo-liberal. A mi lo que me preocupa es por que motivo la crisis puede ser utilizada como ventana de oportunidad para impulsar políticas neo-liberales pero sin embargo la social democracia no ha sido capaz de utilizar esa misma ventana para impulsar medidas ‘de ajuste social’. Recordemos que al menos en Espana era la socialdemocracia la que estaba en el gobierno al comienzo de la crisis (ya se que los apoyos en el parlamento no eran muy grandes pero bueno algo se podía haber hecho, con visión de estado y sabiendo gestionar tiempos).

    En mi opinión, la socialdemocracia (a nivel Europeo al menos) debería hacer una gran reflexión. Aceptar que fue un error pensar que lo mas importante era la creación de riqueza y que de ella vendría la distribución de la misma. El pilar fundamental de la socialdemocracia no puede ser otro que la igualdad y por ende la distribución de la riqueza su prioridad y vector director de toda política publica. Si no se acepta este principio la socialdemocracia esta perdida y su raison d’être dejaría de existir. Esperemos que no sea así pero puede que dentro de poco cuando nuestro bienestar social haya disminuido a niveles de los 80 igual alguien empieza a darse cuenta del error.

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