7 reflexiones sobre el 9N

En primer lugar, hay que felicitarse por el ambiente tranquilo y festivo del 9N. El proceso no ha estado exento de tiranteces, tanto entre políticos como entre ciudadanos, pero durante la jornada los catalanes hicieron gala de una gran dosis de serenidad. A veces lo damos por hecho, pero yo personalmente me alegro de que la calma fuera la regla.

En segundo lugar, veo el 9N como un ejercicio de libertad de expresión (artículo 20 de la Constitución), no de participación política (en el sentido del artículo 23). La Constitución actual marca que la soberanía popular radica en el conjunto de los españoles, es decir, catalanes y el resto. Ahora bien, el 9N pertenece al campo de la libertad de expresión, y esta libertad no entiende de soberanías.

20141109_165120Tres. Que más de dos millones de personas ejerzan su libertad de expresión al mismo tiempo, y que más de 40.000 voluntarios lo hagan posible, tiene un significado que va más allá de los números. El domingo me acerqué a Fleet Street para ver lo que sucedía. Gente venida de muchos puntos del Reino Unido y de Irlanda hicieron cola durante horas para votar en las oficinas de la Generalitat en Londres. Muchos de ellos se reunieron en el primer piso de un pub local que adornaron con esteladas y senyeras. Por internet seguían las noticias de TV3. Cuando parecía que iban a dar datos de participación, se hacía un silencio absoluto que en segundos se rompía al unísono con gritos y aplausos. Yo sólo había sido testigo de un entusiasmo semejante con la primera elección de Obama como presidente. Leer que dos millones de personas han participado en la consulta, ver Fleet Street a rebosar (foto) y conversar con aquellas personas en el Ye Olde Cock Tavern son de esas cosas que a uno le reconcilian con la política.

Cuatro. He escuchado a varios catalanes decir que no entienden que la gente no quisiera participar en la consulta (dos de ellos en el programa de Salvados del domingo). Yo sí que entiendo al no. La mayoría de los catalanes no fueron a votar. Muchas razones puede haber para ello, pero quizás algunos no acudieron porque consideran que no tiene sentido votar sobre una cuestión que a su juicio concierne a todos los españoles. Esto no significa que nieguen la importancia al tema, sino que en las condiciones en las que se formuló la pregunta, no se sentían cómodos dando una respuesta. Muchas razones puede haber para no acudir a las urnas el pasado domingo, y bastantes de ellas son muy respetables y comprensibles.

En quinto lugar, los líderes importan. Rajoy ha repetido hasta la saciedad que él no puede aceptar un referéndum en Catalunya porque se lo impide la ley. Y Mas y los partidos soberanistas han repetido hasta la saciedad que ellos no hacen más que ejecutar lo que la gente les exige desde la calle. Los líderes políticos del momento actúan como si no tuvieran voluntad propia, unos limitados por la ley y los otros por el pueblo, o por la parte del pueblo a la que deciden escuchar. Quiero políticos que sean capaces de expresar una visión, aun cuando esta implique cambios en la ley y aun cuando exija decirle a la gente lo que no quiere oír. Los líderes tienen esa responsabilidad.

Sexto. Pienso que los catalanes deberían preguntarse sobre los debates a los que están renunciando mientras hablan de la independencia. El espacio público y el tiempo que los ciudadanos pueden dedicar a la política son limitados. Mientras tanto, sin embargo, la administración sigue funcionando. Si el debate se limita a la soberanía, ¿cómo asegurarnos de que los ciudadanos no dejamos otros temas importantes desatendidos? Relacionado con esto, si finalmente hay elecciones plebiscitarias, ¿cuál será la política fiscal, de vivienda o de servicios sociales de un Gobierno formado por partidos que sólo comparten su afán por la independencia?

Séptimo y último punto. España tiene que convertirse en un lugar atractivo para vivir y convivir. Hace tiempo que dejó de serlo. La distancia entre Catalunya y el resto de España cada vez es mayor. También lo es la distancia entre partidos y ciudadanos. España no ofrece un porvenir a miles de jóvenes que deciden marchar porque no ven alternativa. Euskadi todavía sufre los efectos somníferos de décadas de violencia, pero los sondeos apuntan hacia un futuro no muy distinto al que hoy vemos en Catalunya. La ciudadanía española ha llegado a la madurez y exige cambios importantes. Y esto no significa necesariamente que necesitemos que Podemos nos salve. Significa entre otras cosas que el PSOE y el PP tienen que cambiar profundamente si quieren servir a España… y a Catalunya.

Koldo Casla

@koldo_casla

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