Pido una oportunidad para votar por Espanya

Este artículo fue publicado en El Huffington Post.Kid under the catalan flag

 

La noche del 1 de octubre entrevistaron brevemente a un votante del no en un canal de televisión estatal. Se trataba de un joven andaluz, casado con una catalana y padre de dos niñas. Había llegado a Catalunya seis años atrás y decía haber sido muy bien acogido. Visiblemente conmocionado, tras señalar el sentido de su voto nuestro protagonista se lamentaba: “Hoy siento que me han dejado sin argumentos”.

Este hombre y millones más necesitan recuperar esos argumentos. Es más, después de semanas de tensión y angustia, de la DUI y del 155, creo que no me pongo excesivamente dramático si escribo que los necesita la sociedad española en su conjunto.

Aunque no sabemos el número exacto, parece que cerca de dos millones de catalanes se expresaron por la independencia el 1 de octubre. Voces desde Catalunya sostienen que mucha gente, especialmente jóvenes, ya han desconectado de España. Para estas personas no habría solución que no fuera quirúrgica. Es posible que así se sienta parte de la población pero me niego a aceptar que sea el caso de la mayoría. Es más, aunque lo fuera, seguiríamos obligados a buscar y agotar los espacios de entendimiento.

En esta encrucijada constitucional e identitaria un referéndum en Catalunya puede ser lo mejor que nos pase. Tengo dos razones que procedo a exponer a continuación.

Según algunas encuestas, incluyendo una publicada por un medio poco sospechoso de aupar a los independentistas, al menos antes de octubre alrededor del 80% de los catalanes consideraba necesario un referéndum pactado y legal para que los catalanes decidan si quieren seguir siendo parte del Estado español o prefieren la independencia. Este porcentaje incluía a cerca de la mitad de los votantes del PP y más de la mitad de los de Ciudadanos.

Alguien me responderá que si se hiciera hoy esta encuesta daría un resultado distinto. La tensión de las últimas semanas habría empujado a propios y extraños hacia los extremos. A falta de datos más recientes, puedo dar crédito a esta hipótesis pero no creo que tengamos razón para pensar que permanecerá así a medio o largo plazo. Independientemente del sentido del voto el próximo 21 de diciembre, no podemos conjeturar cuáles serán las preferencias políticas futuras de los catalanes. No sería inconcebible que de aquí a unas semanas o meses una notable mayoría de los catalanes siguiera creyendo (o volviera a creer) que la salida pasa por un referéndum acordado.

La resolución del contencioso catalán tiene que salir de Catalunya y esa es la primera razón por la que pienso que sería deseable un referéndum de esas características. Es bien sabido que no seríamos los primeros. Canadá y el Reino Unido se nos adelantaron.

De esta o salimos fortalecidos o no salimos, y ahí va la segunda razón por la que creo que sería beneficioso un referéndum en Catalunya. Para demasiada gente el 1 de octubre se trataba de elegir entre una ilusión y una obligación que temprano se convirtió en represión. Un referéndum legal y acordado puede ser la oportunidad que necesitamos todos, fuera y dentro de Catalunya, para contrarrestar una ilusión con otra ilusión.

La decisión libre, madura y responsable la tienen que tomar quienes son catalanes, quienes viven y trabajan en Catalunya. Los que quedamos fuera deberíamos acompañar este proceso con respeto y cercanía, pero también, si lo deseamos, expresando libremente por qué nos gustaría que optaran por el no.

Mi punto de partida es que ser español, como ser vasco o catalán, pertenece al ámbito de la casualidad. No hicimos ningún mérito para nacer donde nacimos y no creo que muchos elijan su lugar de residencia por el color de la bandera. Sin embargo, con el tiempo y con el roce vamos desarrollando identidades fluidas y enmarañadas que afortunadamente van más allá de la nacionalidad.

Mientras una mayoría clara de catalanes siga creyendo en las virtudes de un referéndum legal y acordado, yo propongo que nos regalemos la oportunidad de pronunciar las razones por las que tener este pasaporte puede no ser tan malo. La lucha antifranquista, la pluralidad lingüística, los records mundiales de donación de órganos, otra oferta de pacto fiscal, la música de los 80, el 15-M, el gol de Iniesta, las tapas en los bares… Tiene que haber más. ¿Y si cada uno elige las suyas y las comparte con familiares, amistades, conocidos y extraños?

¿Y si ser español no fuera obligatorio? Con el mero hecho de hacernos la pregunta en serio España para mí ganaría muchos puntos.

Con la violencia en la retina, el lunes 2 de octubre el editorial del Guardian británico concluía que “El Estado español ha perdido” y aseguraba que “muchos se preguntan quién quiere ser gobernando por un Estado como este”.

Pido una oportunidad para demostrar a Europa y al mundo que España puede molar y que merece la pena votar por ella.

Koldo Casla

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