Qué significa para los derechos humanos la supuesta “muerte” del liberalismo anunciada por Putin

Casla_July17Este artículo fue publicado en Open Global Rights en Español.

Si Putin tuviera razón, y el liberalismo hubiera muerto, ¿cuál sería el futuro de los derechos humanos en la política global?

En una entrevista exclusiva para el Financial Times, el presidente ruso Vladimir Putin recientemente proclamó que “la idea liberal” hegemónica durante la segunda mitad del siglo 20 “ha quedado obsoleta”. La elección de Donald Trump, Viktor Orban, Matteo Salvini, Jair Bolsonaro y, es de suponer, su propia presidencia respaldaría dicha conclusión. “Los liberales ya no pueden simplemente ordenar nada a nadie como han intentado hacer en las últimas décadas”, afirmó.

La noción de liberalismo que maneja Putin es una caricatura a conveniencia. Parece calificar de “liberal” cualquier idea a la que se opone: el estado de derecho, los derechos LGBTQ, la convención de las personas refugiadas, la igualdad de género, por mencionar algunos.

A nadie se le escapa que el presidente ruso tiene su propia agenda, y que dicha agenda no incluye la promoción internacional de los derechos humanos. Ahora bien, esta entrevista plantea una pregunta fundamental: ¿Qué sería del régimen internacional de los derechos humanos en un mundo que no se rigiera por parámetros liberales?

El sistema internacional de derechos humanos surgió y evolucionó en un contexto inicialmente caracterizado por una guerra fría y más tarde por lo que Francis Fukuyama creyó que iba a ser el ascenso definitivo de la democracia liberal. Se trataba de un mundo de hegemonía occidental donde los países europeos definían las reglas de la sociedad internacional, como documentó brillantemente Martti Koskenniemi.

Naturalmente, esto no significa que los derechos humanos sean necesariamente un invento occidental o europeo, ni por supuesto que los países de este continente puedan alardear de una trayectoria intachable en la protección de los derechos humanos. Informes de ONG y de órganos internacionales de derechos humanos dan buena cuenta de lo contrario. Sin embargo, en términos geográficos y temporales podemos afirmar que la institucionalización internacional de los derechos humanos encuentra sus orígenes en Europa.

Vladimir Putin no ha sido el primero en plantear que las reglas del juego están cambiando o están a punto de cambiar. Estamos viviendo una coyuntura histórica de placas tectónicas en movimiento, con pujante nacionalismo en el Norte global, creciente poder del Sur, y una presencia menguante de Europa en los asuntos internacionales. Estamos entrando en un “mundo de nadie” (Kupchan), un “mundo multiplex” (Acharya) de “globalismo descentralizado” (Buzan y Lawson) carente de superpotencias. Se trata de un planeta con varias potencias regionales, donde el poder se dispersa progresivamente y en el que quizás cada vez contamos con menos oportunidades para forjar consensos globales.

Las condiciones en las que creció el sistema internacional de derechos humanos han cambiado. En sí mismo, esto no es ni bueno ni malo, pero si deseamos mantener y elevar la posición del ser humano en la política global del futuro resulta necesario desentrañar los factores que hicieron posible el reconocimiento legal de los derechos humanos.

La historia atestigua que los países de Europa occidental desempeñaron un papel protagonista en la promoción del derecho internacional de los derechos humanos. Pero, como sostengo en mi reciente libro Politics of International Human Rights Law Promotion: Order versus Justice, esto no significa que lo hicieran porque creyeran que era lo correcto para la justicia global.

Partiendo de la idea de la unidad moral de la humanidad y de la igualdad en dignidad de todas las personas, los cosmopolitas consideran que las cuestiones morales no pueden ser circunscritas a comunidades separadas por fronteras nacionales. Por otro lado, en la teoría de las relaciones internacionales los realistas son escépticos sobre el valor del derecho internacional en general, y del derecho internacional de los derechos humanos en particular, puesto que creen que es imprudente juzgar las acciones de los estados desde una perspectiva ética. Entre estos dos puntos de vista discordantes, formulo una explicación política alternativa sobre el papel determinante de Europa occidental en la evolución del régimen jurídico internacional de los derechos humanos en los últimos cincuenta años.

Teniendo en cuenta los rasgos y las limitaciones del sistema internacional, sostengo que el derecho internacional de los derechos humanos ha avanzado en una batalla por la legitimidad entre dos bandos. Por un lado, tenemos una noción europea de sociedad internacional estatocéntrica y basada en el orden, con una concepción minimalista de los derechos humanos y respetuosa con los principios generales del derecho internacional, incluyendo la soberanía nacional, el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, y la idea de que en la medida de lo posible las promesas hay que cumplirlas (pacta sunt servanda). Por otro lado, se presenta una idea más amplia de los derechos humanos, inspirada por la justicia global y defendida por sociedad civil y órganos independientes bajo el paraguas de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. Si bien hablan el mismo idioma, los actores pugnan sobre el significado de las palabras empleadas por los demás.

El contenido del derecho internacional de los derechos humanos se convierte así en una disputa de carácter político dentro de determinados parámetros institucionales. El sistema internacional de los derechos humanos, con sus limitaciones y sus contradicciones, es lo que vemos cuando el orden se encuentra con la justicia o, mejor dicho, cuando el orden choca con la justicia.

Entendido de esta forma, los derechos humanos no serían tanto una fruta de la pasión, como una fruta de la tensión, tensión en el espacio político de la legitimidad. Se trata de una tensión no entre quienes creen en los derechos humanos y quienes no lo hacen, sino entre quienes creen en los derechos humanos como una cuestión de orden y quienes creen en ellos como una cuestión de justicia.

Aquellos que no albergan creencia alguna sobre los derechos humanos (ni como orden, ni como justicia, ni como una combinación de ambas) no participan de la ecuación. Si es así, ¿qué cabría esperar en un mundo donde quienes abiertamente se oponen a la idea de los derechos humanos llevaran las riendas?

Los gobiernos iliberales y los políticos demagogos todavía no han puesto negro sobre blanco una alternativa coherente y homogénea a la sociedad internacional liberal. Y en sí mismo el debilitamiento político relativo de Europa no es ni bueno ni malo. Pero quienes tratamos de maximizar el peso de los derechos humanos en las relaciones internacionales haríamos bien en reflexionar crítica y autocríticamente sobre la política y la dialéctica de la promoción del derecho internacional de los derechos humanos en décadas recientes.

No hay nada definitivo en los derechos humanos. No se trata de una idea cuyo tiempo ya llegó. O del mismo modo que llegó, deberíamos aceptar la posibilidad de que ese tiempo pudiera irse. La defensa de los derechos humanos ya no debería basarse exclusivamente o incluso principalmente sobre principios superiores e inmateriales. Quienes trabajamos sobre derechos humanos podríamos prestar mucha más atención a identidades locales y a valores y aprensiones de quienes todavía no están en nuestro bando, abriéndonos así a la posibilidad de reconstruir los derechos humanos de diferente forma. Por si acaso Putin tuviera razón, deberíamos desarrollar estrategias políticas habilidosas para responder a los intereses materiales y a los valores no-universales de la gente.

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Acoso escolar: La administración se pasa la pelota en el patio mientras el alumnado se queda castigado sin derechos

1Este artículo fue publicado en eldiario.es

Hoy Amnistía Internacional lanza su primer informe a nivel mundial sobre el acoso escolar. Y se centra en España.

El acoso escolar entre iguales, entre compañeros y compañeras de escuela, se define como una forma de agresión o de hostigamiento de carácter físico, verbal o relacional, que es deliberada, se repite en el tiempo y se basa en un desequilibrio de poder.

El acoso escolar pone en riesgo el disfrute de los derechos de niños y niñas, como el derecho a no sufrir violencia, el derecho a la no discriminación, a la educación o a la salud, todos ellos reconocidos en el derecho internacional. Independientemente de que un niño o niña vaya a un centro público, concertado o enteramente privado, los poderes públicos tienen la obligación de protegerles.

A lo largo de año y medio, Amnistía Internacional ha hablado con 125 personas entre adolescentes, madres y padres, profesores/as, directoras/as de centros, orientadores/as, inspectores/as educativos, asociaciones de padres y madres, y representantes sindicales, entre otros. Este informe ve la luz principalmente gracias a estas personas. Continue reading “Acoso escolar: La administración se pasa la pelota en el patio mientras el alumnado se queda castigado sin derechos”

El Brexit iba de recuperar el control y eso es precisamente lo que está pasando

Este artículo fue publicado en Agenda Pública

Take back control. Recuperar el control. Ese fue el lema de campaña y el compromiso de quienes dicen hoy honrar la voluntad expresada por el pueblo británico en junio de 2016.

Mañana martes los comunes votarán el acuerdo negociado entre el Gobierno británico y la Comisión Europea. Cuando escribo estas líneas, domingo por la noche, la duda es si Theresa May perderá por algo más de 100 votos o por casi 200. Sobre lo que pasará después hagan sus apuestas.

Ahora les propongo que volvamos a las esencias por un momento. Decían que el Reino Unido tenía que salir de la Unión Europea para recuperar el poder democrático.

Pongámoslo a prueba. Continue reading “El Brexit iba de recuperar el control y eso es precisamente lo que está pasando”

Pero, ¿quiénes fueron José Antonio y Francisco Franco? Una visita al Valle de los Caídos

http_o.aolcdn.comhssstoragemidas9d6e1161c8eae10cf48629ae6dc11577206503435Captura+de+pantalla+2018-07-04+a+las+11.03.24Este artículo fue publicado en El Huffington Post

Estoy pasando unos días en la Sierra de Madrid y una calurosa tarde he conseguido que me lleven al Valle de los Caídos. No voy a gastar letras explicándole mis razones. Digamos que últimamente tengo la memoria bastante presente. Pero dejemos el tema de la motivación para otro artículo.

Son las cinco y somos el último de tres coches en la entrada. A la derecha una periodista de La Sexta practica su intervención ante el cámara.

El ticket cuesta nueve euros por persona. No es barato pero no me pilla desprevenido porque me había informado en internet. Se paga desde el coche. Mi acompañante interroga escéptica: “¿Este dinero adónde va?” Se hace un silencio que a mí me parece innecesariamente largo. Claramente no es la primera vez que se lo preguntan. “Es Patrimonio Nacional. Es del Estado.” Pagamos.

Dentro del recinto del valle hay fauna y flora variada, o eso anuncian los carteles, pero yo no había venido en su busca. A velocidad prudente y cuesta arriba, tras unas cuantas curvas llegamos al aparcamiento. Estacionamos sin dificultad. Habrá una veintena de vehículos pero muchos más huecos. Pasamos lo suficientemente cerca del bar/restaurante como para escuchar frases sueltas de comensales en diversas mesas. Nada reseñable francamente (con perdón), pero me sorprende la comodidad con la que charlan. Yo cómodo precisamente no me siento. También hay un funicular hasta la cruz, pero no funciona.

Minutos después nos encontramos frente al monumento. Es gigante, como lo había imaginado. Abruma. A ambos extremos dos mayúsculos escudos franquistas hacen de escolta en piedra. “Es del Estado”, recuerdo las palabras de la funcionaria de la taquilla.

Hay un contraste notable entre la calma del entorno y la agresividad del mausoleo. Quien ordenó construir este sitio tuvo que ser un hombre acomplejado, temeroso de que la historia no lo fuera a recordar con cariño, o de que no lo fuera a recordar a secas. Continue reading “Pero, ¿quiénes fueron José Antonio y Francisco Franco? Una visita al Valle de los Caídos”

Nadie debería tener miedo de ir a clase

Persons hand filming two schoolboys fighting in school corridor with mobile phone, Bavaria, GermanyEste artículo fue publicado en el Huffington Post como avance de la investigación en curso sobre acoso escolar en España

“Después de todo, ¿dónde comienzan los derechos humanos? En lugares minúsculos, muy cerca de casa. Son tan cercanos y tan pequeños esos sitios que no son visibles en ningún mapa del mundo. Aún así, conforman el mundo de toda persona: el vecindario en el que vive, la escuela o universidad a la que asiste; la fábrica, granja u oficina donde trabaja.”

Son palabras de Eleanor Roosevelt, una de las madres de la Declaración Universal de 1948. Su papel fue clave para el desarrollo del derecho internacional el siglo pasado. Pero estas palabras suyas reconocen que donde verdaderamente se la juegan los derechos humanos no es en Ginebra, en Estrasburgo o en Nueva York; es en la distancias cortas.

En el cole o en el instituto, por ejemplo.

El desarrollo de la personalidad, la no discriminación, la libertad individual, la igualdad de género y el respeto a los derechos humanos son principios fundamentales del sistema educativo. No lo digo yo. Lo dice la Ley Orgánica de Educación.

Sin embargo, para miles de niños y niñas estas palabras suenan huecas. Adolescentes de toda España sufren acoso escolar de forma cotidiana, y las políticas públicas les están fallando poniendo sus derechos en juego.

El bullying o acoso escolar se define como una agresión física, verbal o relacional, intencionada y repetida en el tiempo, y en la que subyace un desequilibrio de poder real o aparente que impide a la víctima defenderse.

Es un tema de derechos humanos y por eso Amnistía Internacional está llevando a cabo su primera investigación sobre el tema a nivel mundial. Y la estamos haciendo en España. Continue reading “Nadie debería tener miedo de ir a clase”

El deseo para el hombre; la heroicidad para la mujer

Indignación por la sentencia de "La manada"Este artículo fue publicado en El Huffington Post.

No voy a comentar el criterio de la mayoría de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra.

Respecto al Código Penal diré que ya es hora de escribir en el BOE que sin consentimiento el sexo no es tal sino violación.

Quisiera eso sí llamar la atención sobre estas palabras del extenso voto particular del magistrado que, como me decía una amiga hoy, ya les ha preparado el recurso a los acusados. El Ilustrísimo Señor Don Ricardo Javier González González les habría absuelto al no encontrar en las imágenes de la joven ‘atisbo alguno de oposición, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento, desconcierto o cualquier otro sentimiento similar’ (página 245 de la sentencia).

Este es el mensaje que recibo como hombre al leer este y otros párrafos del voto discrepante: Puedo dar por hecho que la mujer que yo anhele en cada momento consentirá a no ser que exprese claramente su rechazo. Continue reading “El deseo para el hombre; la heroicidad para la mujer”

Pido una oportunidad para votar por Espanya

Este artículo fue publicado en El Huffington Post.Kid under the catalan flag

 

La noche del 1 de octubre entrevistaron brevemente a un votante del no en un canal de televisión estatal. Se trataba de un joven andaluz, casado con una catalana y padre de dos niñas. Había llegado a Catalunya seis años atrás y decía haber sido muy bien acogido. Visiblemente conmocionado, tras señalar el sentido de su voto nuestro protagonista se lamentaba: “Hoy siento que me han dejado sin argumentos”.

Este hombre y millones más necesitan recuperar esos argumentos. Es más, después de semanas de tensión y angustia, de la DUI y del 155, creo que no me pongo excesivamente dramático si escribo que los necesita la sociedad española en su conjunto.

Aunque no sabemos el número exacto, parece que cerca de dos millones de catalanes se expresaron por la independencia el 1 de octubre. Voces desde Catalunya sostienen que mucha gente, especialmente jóvenes, ya han desconectado de España. Para estas personas no habría solución que no fuera quirúrgica. Es posible que así se sienta parte de la población pero me niego a aceptar que sea el caso de la mayoría. Es más, aunque lo fuera, seguiríamos obligados a buscar y agotar los espacios de entendimiento.

En esta encrucijada constitucional e identitaria un referéndum en Catalunya puede ser lo mejor que nos pase. Tengo dos razones que procedo a exponer a continuación. Continue reading “Pido una oportunidad para votar por Espanya”